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Mientras Chile enfrentaba el temporal, Kast celebró bajo la lluvia el avance de su reforma tributaria

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    contra corriente
  • hace 6 días
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Mientras diez regiones se preparaban para enfrentar intensas precipitaciones, suspensiones de clases y posibles inundaciones, el presidente José Antonio Kast salió a celebrar la aprobación en el Senado de su megarreforma. El corazón del proyecto reduce los impuestos a las grandes empresas y entrega invariabilidad tributaria a inversiones millonarias.


La lluvia que caía sobre Santiago terminó convirtiéndose en el escenario escogido por el presidente José Antonio Kast para celebrar el avance de una de las principales apuestas económicas de su Gobierno. Horas antes, el Senado había despachado la denominada megarreforma tributaria, manteniendo prácticamente intactos sus artículos centrales.


La escena ocurrió mientras buena parte del país se preparaba para enfrentar un complejo sistema frontal. El Gobierno había decretado Estado de Emergencia Preventiva entre las regiones de Atacama y Los Ríos, además de suspender las clases entre Coquimbo y Maule. La Dirección Meteorológica advirtió que, en algunos sectores, las precipitaciones podían alcanzar entre 100 y 180 milímetros, aumentando el riesgo de desbordes, inundaciones y remociones en masa.


Pese a este contexto, el mandatario dedicó parte importante de su intervención pública a festejar el resultado legislativo y defender el proyecto económico. Kast sostuvo que el desempleo y la informalidad serían consecuencia de la falta de inversión y aseguró que la reforma permitiría recuperar la competitividad tributaria del país.



Una reforma aprobada por el margen mínimo


La iniciativa fue despachada por el Senado después de una extensa sesión que concluyó cerca de las 2:40 de la madrugada. Los artículos más controvertidos fueron aprobados gracias a los 26 votos del oficialismo, frente a los 24 votos reunidos por la oposición. El proyecto deberá regresar ahora a la Cámara de Diputadas y Diputados para completar su tramitación.


Entre las normas aprobadas se encuentra la reducción gradual del Impuesto de Primera Categoría que pagan las grandes empresas. La tasa bajará desde el actual 27% hasta un 25,5% durante 2027, un 24% en 2028 y un 23% permanente desde el año comercial 2029. La medida fue aprobada exactamente por 26 votos contra 24.


El Senado también aprobó la reintegración del sistema tributario, que permite que el impuesto pagado por una empresa sea descontado de los tributos personales de sus propietarios. Este mecanismo había sido parcialmente eliminado durante el segundo Gobierno de Michelle Bachelet y su reposición ha sido una demanda histórica de los grandes grupos empresariales.


Otro de los puntos centrales es la invariabilidad tributaria para las grandes inversiones. La norma permitirá congelar las condiciones impositivas durante diez años para proyectos desde US$50 millones, durante quince años para inversiones de entre US$100 millones y US$350 millones, y durante veinte años para aquellas que superen los US$350 millones. De esta manera, futuros gobiernos verán limitada su capacidad para aplicar nuevas reformas tributarias sobre esos capitales.



Menos impuestos para los grandes, más incertidumbre fiscal


El Gobierno sostiene que la disminución de impuestos atraerá nuevas inversiones y permitirá crear empleos. Sin embargo, distintos economistas y sectores de oposición han advertido que los beneficios económicos son inciertos, mientras que la pérdida de recaudación fiscal comenzará a sentirse inmediatamente.


La reforma no busca aumentar los ingresos permanentes del Estado, sino reducirlos bajo la promesa de que el crecimiento económico futuro compensará esa caída. La oposición ha cuestionado que este diseño se sostenga en la denominada “teoría del chorreo”: entregar beneficios a los sectores de mayores ingresos esperando que posteriormente se traduzcan en inversión, empleo y mejores condiciones para el resto de la población.


Además, mientras las grandes empresas accederán a una reducción desde el 27% al 23%, las pequeñas y medianas empresas podrían experimentar un aumento gradual de su tasa corporativa desde el 12,5% hasta el 20%. La reforma también ha levantado cuestionamientos por su sostenibilidad fiscal y por el riesgo de que la menor recaudación termine justificando nuevos recortes en políticas sociales.


La imagen de Kast celebrando bajo la lluvia no fue solamente una anécdota comunicacional. Mientras millones de personas enfrentaban nuevamente el riesgo de inundaciones, cortes eléctricos, pérdida de viviendas y suspensión de actividades, el principal triunfo exhibido por el Ejecutivo fue una reforma que disminuye la carga tributaria de las grandes empresas.


El temporal pasará, pero las consecuencias de las decisiones aprobadas esa madrugada podrían permanecer durante décadas. La invariabilidad tributaria entregará protección a las inversiones millonarias por hasta veinte años, condicionando la capacidad de futuros gobiernos para modificar el sistema tributario y financiar las demandas sociales del país.

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