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Más de $4 millones por asesorar a Duco: el “chamán” que recurrió a lecturas religiosas durante la crisis por BTS

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    contra corriente
  • 13 jul
  • 3 min de lectura

Silvio García, uno de los asesores más cercanos de la ministra del Deporte, recibió en mayo un sueldo bruto de $4.119.545. Aunque fue contratado para entregar asesoría estratégica y técnica de alto nivel, durante una reunión destinada a enfrentar la crisis por los conciertos de BTS habría leído textos religiosos para tranquilizar a Natalia Duco.


La crisis provocada por la negativa inicial a facilitar el Estadio Nacional para los conciertos de BTS continúa revelando nuevos antecedentes sobre la conducción del Ministerio del Deporte y el círculo más cercano de su titular, Natalia Duco.


Durante una extensa reunión realizada la noche del 4 de julio en el Estadio Nacional, Silvio García —uno de los principales asesores de la ministra y apodado internamente como “el chamán”— habría comenzado a leer textos motivacionales de carácter religioso para tranquilizar a Duco, quien se encontraba afectada por las críticas en redes sociales y por su baja evaluación pública.


El episodio adquiere una dimensión adicional al conocerse la remuneración del asesor. Según los antecedentes disponibles en el portal de Transparencia del Ministerio del Deporte, García recibió durante mayo un sueldo bruto de $4.119.545, bajo una contratación a honorarios.


Su contrato establece que debe brindar asesoría estratégica y técnica a la ministra, contribuir en decisiones de alto nivel, participar en la coordinación interinstitucional y asegurar el cumplimiento de los lineamientos gubernamentales y de los objetivos del sector deportivo.


El cuestionamiento, por lo tanto, no apunta a las creencias religiosas personales de García o de la ministra. Lo preocupante es que un asesor contratado con recursos públicos por más de cuatro millones de pesos mensuales para colaborar en decisiones estratégicas aparezca desempeñando el papel de guía espiritual en medio de una crisis caracterizada precisamente por la falta de conducción, coordinación y respuestas oportunas.


El conflicto comenzó luego de que el Instituto Nacional de Deportes no autorizara inicialmente el uso del Coliseo Central para los tres conciertos de BTS programados para octubre. El organismo argumentó que el montaje podía dañar la cancha y comprometer otros eventos deportivos e institucionales. Sin embargo, los antecedentes posteriores mostraron que el Ministerio había recibido advertencias y conocía el problema desde varios meses antes.


El 27 de marzo, Duco participó en una reunión de lobby con representantes de la productora DG Medios. En la cita se habría avanzado en un entendimiento sobre el uso del recinto, pese a que no estuvo presente la directora subrogante del IND, organismo responsable de administrar el Estadio Nacional. Según testigos, la conversación habría terminado incluso con un apretón de manos entre la ministra y el dueño de la productora.


La plataforma de lobby tampoco habría registrado a todos los asistentes ni detallado completamente lo conversado. Ese mismo día se anunció el proceso de venta de entradas, un antecedente que contradice la versión posterior del Ministerio respecto de que nunca existió una solicitud, reserva o prerreserva para utilizar el estadio.


Desde el IND, además, habrían advertido en varias oportunidades al equipo de Duco que el conflicto debía resolverse antes de que se transformara en una crisis pública. A pesar de ello, pasaron meses entre la reunión con la productora, la venta de entradas y el pronunciamiento definitivo sobre la disponibilidad del recinto.


El episodio encuentra a Natalia Duco en una posición especialmente débil. A finales de junio registraba apenas un 32% de aprobación, convirtiéndose en la ministra peor evaluada del Gobierno. Desde La Moneda reconocen que su gestión no ha entregado los resultados esperados y su permanencia en el gabinete estaría siendo observada.


Más que una controversia provocada por las fanáticas de una banda, el caso expone los problemas de conducción de una cartera que no logró coordinar a sus autoridades, procesar las advertencias técnicas ni transparentar oportunamente sus negociaciones.


Mientras el Ministerio enfrentaba una crisis conocida desde hacía meses, uno de sus asesores mejor remunerados recurría a lecturas religiosas para contener emocionalmente a la ministra. Los textos motivacionales podrán entregar tranquilidad momentánea, pero no reemplazan la gestión pública, la transparencia ni la responsabilidad política exigida a quienes reciben sueldos millonarios financiados por el Estado.

 
 
 

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